Michel André : “Un mar en silencio es un mar muerto”

03/11/2020 - 16:31

Durante siglos estuvimos sordos. Pero llegó Michel André y, junto a otros científicos, nos regaló un nuevo sentido: poder escuchar el sonido de las profundidades del mar, la red, hasta ese momento invisible, que sostiene la vida en los océanos. Con esta nueva percepción llegó la certeza que nuestro ruido, el de las actividades humanas en el mar, está alterando su equilibrio y acabando con los organismos marinos. Michel André, actual director del Laboratori d'Aplicacions Bioacústiques LAB, junto a su equipo e investigadores de todo el mundo nos avisan: el mar puede enmudecer si no cesamos la contaminación acústica, y es importante hacerlo de manera rápida.

Autora: Lídia Hervàs

¿Qué es el sonido para la naturaleza? ¿Cuál es su relevancia?

El sonido es un soporte de intercambio de información, tanto a través del aire como del agua. Muchas de las especies que conforman la fauna salvaje han aprendido a esconderse de los depredadores y por eso evitan estar visibles y utilizan el sonido como vínculo principal de información.

Además, estoy convencido de que es vital no solo para sobrevivir dentro de una misma especie, sino también para intercambiar información entre especies y forma parte de un paisaje sonoro, una comunicación universal, que es a su vez garante del equilibrio de toda la naturaleza.

"Todos los animales marinos son sensibles al sonido, algunos lo pueden oír, otros lo perciben a través de los componentes cinéticos del sonido, o sea, la vibración. Por lo tanto, si alteramos este canal de comunicación ponemos en peligro directamente el equilibrio del mar"

Usted ha dicho: La tierra respira gracias a los océanos, y los océanos están vivos gracias al sonido de la vida que los habita. ¿Tan importante es ese sonido? ¿Por qué, en que sentido mantiene vivo el mar?

La necesidad de comunicación que comentaba es aún mayor en el mar por el hecho que en el agua no hay ninguna manera de desplazarse, orientarse, llevar a cabo cualquier actividad sin la presencia del sonido.

La luz no penetra a más de pocos metros de la superficie, por lo tanto el único soporte de información que los organismos marinos tienen para comunicar e intercambiar información es a través del sonido. Todos los animales marinos son sensibles al sonido, algunos lo pueden oír, otros lo perciben a través de los componentes cinéticos del sonido, o sea, la vibración. Por lo tanto, si alteramos este canal de comunicación ponemos en peligro directamente el equilibrio del mar, porque impide a sus habitantes comunicarse y por lo tanto sobrevivir.

"Pensé que si esa contaminación acústica me impedía descifrar correctamente los sonidos biológicos tal vez también estaba afectando a la fauna marina. Era a principios de los años 90, y así, de forma natural me interesé en el impacto que tiene el ruido en los animales marinos"

¿Cómo llega Michel a interesarse por el sonido y la contaminación acústica en el mar?

Mi interés por la bioacústica o por la comunicación dentro de la naturaleza viene por mi pasión por los animales. A los 11 años decidí estudiar la comunicación entre los cetáceos. Me fascinó que unos seres superiores en el mar fueran capaces de comunicarse a larga distancia, aprovechando que el sonido bajo el agua se desliza 5 veces más rápido que en el aire y alcanza distancias muy relevantes, hasta cientos de kilómetros.

En ese momento no había estudios específicos que llevasen a formarse en bioacústica, así que estudié ingeniería, biología, fisiología animal... para entender los componentes sonoros de la naturaleza. Estando en el mar, grabando a los cetáceos, me daba cuenta de la presencia de fuentes sonoras artificiales producidas por actividades humanas (transporte marítimo, búsqueda de petróleo, construcción de parques eólicos…) que me impedían en las grabaciones extraer los componentes biológicos de los sonidos. Y pensé que si esa contaminación acústica me impedía descifrar correctamente los sonidos biológicos tal vez también estaba afectando a la fauna marina. Esto era a principios de los años 90, y así, de forma natural me interesé en el impacto que tiene el ruido en los animales marinos.

"Sólo los polos, por la presencia de hielo, están todavía protegidos de las presiones acústicas de las actividades humanas. Sin embargo, el deshielo es un fenómeno acelerado que acabará con esta barrera natural"

¿Cuál es el estado de la contaminación acústica en el mar? ¿Es un fenómeno global o se circunscribe a alguna áreas limitadas?

La contaminación acústica marina es una contaminación que afecta a todos los océanos, y no hay ningún rincón del planeta que se pueda librar de ella. Las propiedades físicas oceanográficas del entorno: la salinidad, la temperatura, la presión, combinan sus efectos para que los sonidos viajen a muy larga distancia.  Y esto, que permite a los habitantes del mar comunicarse y mantener un equilibrio dinámico en el mar, también se aplica a las fuentes de ruido provenientes de actividades humanas. Por ejemplo, el ruido que se produce en la costa de Barcelona se oye más allá de las islas Baleares. Y todas esas fuentes acumulan sus efectos, convergen y van viajando alrededor del planeta.

Sólo los polos, por la presencia de hielo, están todavía protegidos de las presiones acústicas de las actividades humanas. Sin embargo, el deshielo es un fenómeno acelerado que acabará con esta barrera natural, dará la entrada a las fuentes artificiales, y ya ninguna parte del mundo quedará libre de esta contaminación. 

"Fue nuestra percepción sensorial fuera y dentro del agua, la que hizo pensar que el mar era el mundo del silencio y en realidad si fuera así, seria un mar muerto, puesto que la comunicación a través de sonidos es vital para la supervivencia de los océanos y de sus habitantes"

Ha dicho que el mundo del silencio solo existe para el humano. ¿Qué quiere decir? ¿No existen áreas silenciosas en los mares?

El medio marino es el mundo del silencio -tal como se le caracterizó en los años 50, en este documental dirigido por Jacques-Yves Cousteau y Louis Malle- únicamente para el ser humano. El oído humano no está hecho para escuchar bajo el agua, y por lo tanto la dimensión sonora del mar ha sido ignorada durante toda la historia humana.

Fue nuestra percepción sensorial fuera y dentro del agua, la que hizo pensar que el mar era el mundo del silencio y en realidad si fuera así, seria un mar muerto, puesto que la comunicación a través de sonidos es vital para la supervivencia de los océanos y de sus habitantes. La tecnología nos ha permitido tener acceso a esta dimensión sonora que desconocíamos.

"Descubrimos que los invertebrados marinos, que conforman miles y miles de especies, tienen órganos sensoriales que les permiten percibir el componente mecánico del sonido, la vibración, y que cuando se exponen a fuentes artificiales de sonido, sufren traumas acústicos que producen una alteración directa de esos órganos sensoriales, y eso les lleva a la muerte"

¿Como interactúan las fuentes de ruido con el mar, con sus habitantes? ¿A que tipo de fauna afecta?

Durante muchos años, estudiamos el impacto del ruido en los cetáceos, porque sabíamos que utilizan el sonido e información acústica en todas sus actividades, que el mundo acústico en el que viven es vital para su supervivencia. Buscábamos saber el umbral de tolerancia al sonido, de la mayoría de las 90 especies de cetáceos para poder regular la introducción de sonido dentro del mar.

Pero hace unos 10 años nuestro laboratorio, el LAB, decidió estudiar el impacto del ruido en otras especies que nadie pensaba que podían sufrir la contaminación acústica porque carecen de oídos.  Y descubrimos que los invertebrados marinos, que conforman miles y miles de especies, tienen órganos sensoriales que les permiten percibir el componente mecánico del sonido, la vibración, que les ayuda a gestionar la gravedad y mantenerse en equilibrio dentro del agua.

Vimos que, cuando se exponen a fuentes artificiales de sonido, sufren traumas acústicos que producen una alteración directa de esos órganos sensoriales, y eso les lleva a la muerte.  Descubrimos entonces que la contaminación acústica tenia un efecto global sobre el mar.

Esos parámetros se han integrado en la investigación en el ámbito internacional. De hecho, contrariamente a lo que pensábamos hace 20 años, pensamos ahora que los cetáceos no son probablemente los que más sufren la contaminación acústica, sino que tienen más capacidad de tolerarla y protegerse, por ejemplo alejándose de forma rápida del ruido más nocivo, una posibilidad que no tienen los invertebrados.

"Hoy todos podemos conectarnos en tiempo real y en cualquier rincón del mundo a todo este mundo de sonidos y entender mejor el impacto de las fuentes de ruido a nivel global, algo inimaginable hace unos años"

¿Cuáles son las tecnologías que tenemos a nuestro alcance para analizar el impacto del sonido en la naturaleza? La tecnología que desarrollamos en LAB consiste en intentan emular la extraordinaria capacidad humana de escuchar sonidos, interpretarlos, recordarlos y transmitir estos sonidos. Adaptamos unos micrófonos que imitan nuestro oído, para que puedan sumergirse (hidrófonos) y bajar a las profundidades marinas.

El sonido que captan llega a un cerebro artificial (un ordenador) que aprende con técnicas de inteligencia artificial los parámetros que componen cada sonido, recompone su estructura, para reconocerlo más adelante, como hace nuestra memoria, y saber de que fuente procede.

Esta relación oído artificial - cerebro artificial luego tenemos que transmitirla, y lo hacemos vía internet, los datos que se captan y analizan in situ con estos oídos inteligentes, son transmitidos a través de las redes. Hoy podemos conectarnos en tiempo real y en cualquier rincón del mundo a todo este mundo de sonidos y entender mejor el impacto de las fuentes de ruido a nivel global, algo inimaginable hace unos años. Esta tecnología ya es accesible a todo el mundo, todos podemos escuchar la dimensión acústica del mar desde la comodidad de nuestro salón.

"Hoy ya existe el proyecto de instalar sensores en todo el Amazonas para conocer su estado de salud, tan importante para la supervivencia de la humanidad"

Esta tecnología se ha exportado ahora al Amazonas. Háblenos del proyecto Project Providence

Es un proyecto muy ambicioso que pretende en unos años ser capaz de tomar el pulso de la salud de la Selva Amazónica en su conjunto. Hoy podemos conocer el alcance de la deforestación a través de imágenes de satélite, drones, etc., pero lo que no sabemos es la vida que ocurre por debajo de esta cobertura vegetal. Esto ha hecho pensar a algunos científicos que es probable que algunas regiones del Amazonas estén desprovistas de vida, a causa del cambio climático o las actividades humanas.

Así pues, la tecnología que nació en el mar la llevamos al Amazonas hace 7 años para primero estudiar a los delfines rosas, que pueblan los ríos amazónicos, pero también viven en la selva cuando suben las aguas e inundan durante algunos meses algunas regiones del bosque, y a través del sistema acústico de la ecolocalización pueden alimentarse a pesar de la presencia de muchos arboles.

Nuestra primera misión fue en Mamirauá, una reserva amazónica en Brasil, y hoy ya existe el proyecto de instalar sensores en todo el Amazonas para conocer su estado de salud, tan importante para la supervivencia de la humanidad.

"Si reeducamos a nuestro cerebro a escuchar la naturaleza, a percibir esta armonía natural, incluso en una ciudad, podemos entender los códigos que rigen la naturaleza a través de los sonidos"

¿Qué podemos hacer para acabar con la contaminación acústica, en el mar?

La primera cosa como sociedad, es tomar consciencia de la importancia de escuchar a la naturaleza. Eso se puede hacer sin ninguna tecnología. Hace unos 150.000 años, antes que el ser humano articulara un lenguaje, algo exclusivo del ser humano, la entendíamos, la escuchábamos, era algo vital para sobrevivir y poco a poco la olvidamos y desarrollamos la incapacidad de hacerlo. Si reeducamos a nuestro cerebro a percibir esta armonía natural, incluso en una ciudad, podemos entender los códigos que rigen la naturaleza a través de los sonidos.

La segunda cosa es entender los riesgos de la contaminación acústica en el mar. Conocemos su impacto en el entorno urbano, sabemos que causa estrés, depresiones, muertes… Pero no somos conscientes que es también letal para el equilibrio del mar. Por lo que concierne a los científicos es necesario seguir entendiendo los efectos del ruido, y desarrollando tecnologías cada vez más punteras, sensibles, adaptables al entorno, que nos permitan frenar el deterioro de estos hábitats sonoros de los que depende un delicado equilibrio.

"La importancia de preservar los ecosistemas naturales va mas allá de la extinción de algunas especies, es vital para nuestra propia supervivencia y salud"

Parece que nos queda un poco lejos…

No es así. La pérdida de hábitats sonoros es la puerta al desplazamiento, la competición, el intercambio de patógenos y la desaparición de muchas especies, y en última instancia un riesgo para la salud de los seres humanos. La importancia de preservar los ecosistemas naturales va mas allá de la extinción de algunas especies, es vital para nuestra propia supervivencia y salud. De hecho, ha nacido una nueva rama de la ciencia, el estudio para la salud planetaria, que por primera vez vincula la biodiversidad con la salud humana.

 

"Tanto la construcción naval, como la indústria eólica estan ya haciendo esfuerzos para limitar su impacto acústico en el mar"

¿Existe realmente una voluntad de los cambios de los actores que causan esta contaminación acústica? ¿Hay compromisos concretos?

Hay más conciencia. El recorrido es largo y lento. Pero si se compara el momento actual con hace 20 años los progresos son importantes, aunque la sociedad no lo sepa, y sean únicamente visibles para los expertos.

Hay que distinguir dos tipos de fuentes. Aquellas en las que el ruido no aporta un beneficio o provecho a la actividad, como el ruido que producen los barcos o la construcción de parques eólicos. En estos dos ámbitos se están ya haciendo esfuerzos para minimizarlo. En los barcos nuevos se evitan los soportes de acero para motores, o se diseñan las hélices teniendo en cuenta la cavitación; la industria eólica está comprometida con reducir su gran impacto sobre la fauna marina, poniendo por ejemplo burbujas de aire para aislar el ruido alrededor de los pilotes o una membrana encima para que no vibren tanto…

Pero hay otro tipo de fuentes de contaminación acústica donde de forma consciente, introducimos sonido en el mar para obtener información, por ejemplo, los buques petroleros para identificar la presencia de gas o petróleo en el fondo del mar, o los militares, que utilizan el sonar para detectar buques enemigos… No podemos pedir a esas actividades que paren, sino aportar como científicos soluciones alternativas que limiten el impacto acústico y permitan continuar con sus actividades contaminando cada vez menos el medio marino y mientras tanto proporcionarles, a través de la acústica pasiva, la manera de detectar la presencia de especies que podrían estar en riesgo por estar demasiado cerca de la actividad.

"Hay margen para actuar, pero nos queda muy poco tiempo. Sabemos que la naturaleza está cerca del punto de ruptura, y sabemos, por épocas anteriores de la vida del planeta, que este punto de ruptura será global"

¿Podremos devolver el equilibrio acústico al mar? ¿Cuánto tiempo nos queda?

Depende de nuestra responsabilidad. La tecnología nos ha dado un nuevo sentido, la capacidad de poder escuchar y conocer el impacto del sonido en la realidad biológica del mar, y esto nos confiere una enorme responsabilidad: la de tener que actuar de forma rápida. Ignoramos durante 80 años esta contaminación. Hoy ya no es invisible. Tenemos la responsabilidad de actuar en áreas contaminadas, aprender de nuestros errores y preservar regiones aún vírgenes de ruido, como los polos evitando que allí se apague la vida. 

La buena noticia es que la contaminación acústica, a diferencia de la contaminación por residuos, se apaga de manera inmediata cuando se apaga la fuente. Hay margen para actuar, pero nos queda muy poco tiempo. Sabemos que la naturaleza está cerca del punto de ruptura, y sabemos, por épocas anteriores de la vida del planeta, que este punto de ruptura será global. Esta generación vamos a ver este momento si no actuamos de forma inmediata, en los próximos meses, para que las consecuencias o beneficios de estas actuaciones puedan tener una posibilidad de revertir este cambio que se avecina.

No sabemos cuantos años quedan, pero pocos, sin ninguna duda. Y la responsabilidad no es solo de los científicos. La sociedad tiene que apoyar, la administración poner los medios, las industrias ser proactivas, adoptar medidas que van mas allá de lo que se impone por ley, porque ya no tenemos tiempo, y las ONGs, cuyo papel es importante en la sociedad, ponerse del mismo lado que todos los otros actores del mar, porque si no estamos juntos no llegaremos a ninguna parte, el conflicto ralentiza la toma de medidas.


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